Viernes, 11 de febrero del 2011: Caía el gobierno de Hosni Mubarak tras 3 décadas en el poder. A sus 82 años abandonaba su cargo y se lo entregaba a las Fuerzas Armadas. Ahí, las calles de El Cairo y en particular la plaza Tahrir, que en español significa ‘de la liberación’, se llenaban de júbilo y celebración; mientras paradójicamente el vandalismo y la violencia no se detenían. La euforia se convertía en descontrolada agresión, tanto así que un grupo de manifestantes cometió la atrocidad de golpear y atacar sexualmente a Lara Logan, corresponsal de la cadena norteamericana CBS. Una acción repudiada y condenada a nivel internacional.
Si bien Hosni Mubarak es el primer presidente egipcio que renuncia sin ser asesinado, la rebelión popular que duró 18 días dejó un saldo de 365 personas muertas y más de 8 mil 500 heridos según el informe del Ministerio de Salud de Egipto. Así, el fin justificó los medios y Egipto quedó ‘libre’ bajo el control del Ejército y con una violencia imparable.
Cabe reconocer la valentía, el poder de convocatoria, y la perseverancia que tuvo el pueblo egipcio para derrocar a un régimen que los gobernó por 30 años. Además, el ingenio de los jóvenes para superar el obstáculo del bloqueo informático y mantener su campaña a través del internet y las redes sociales, como vía para impulsar su movilización: un hecho histórico en el mundo árabe.
No obstante, lo preocupante es pensar en lo que viene: ¿Cuál es el siguiente paso? Supuestamente una comisión se encuentra realizando un estudio de las enmiendas y en 2 meses habrá un referéndum constitucional para luego convocar elecciones. Pero, todo no está suficientemente claro.
Las dudas están en si la liberación de Egipto es verdadera o se trata de una ilusión. El poder está en manos de los militares por lo que aún no se puede hablar de un estado democrático. La incertidumbre es sobre cuánto tiempo permanecerá así. Aún más, no podemos saber si el pueblo egipcio está en condiciones de enfrentar un proceso electoral ordenado y transparente debido a que estamos hablando de 30 años de un mismo régimen, de una generación completa de votantes que sólo han vivido en ese sistema político.
Los países en los cuales sus gobiernos han sido derrocados sorpresivamente entran a una etapa de transición donde las preferencias sociales de la mayoría vulnerable se ven relegadas por la gran prioridad de crear un nuevo país. Además, toma algunos años tener un régimen establecido que rinda los frutos esperados. Sobre todo, en los países musulmanes donde tienen también que incluir la visión religiosa y las tradiciones ancestrales de la sociedad.
Las últimas revueltas en Túnez y Egipto demuestran que los habitantes del mundo árabe prefieren arriesgar los cierto por lo incierto que continuar con una situación que no les permite el progreso de sus pueblos. Ya las protestas antigubernamentales están cobrando impulso en Medio Oriente y África del Norte. Vale la pena estar alerta ante esta corriente de cambios porque ya empezó a levantarse la nueva generación, ya empezó a nacer ‘el mundo árabe del siglo XXI’.
(Publicado: El Telégrafo 25/02/2011)

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